noviembre 2011

  1. Un traductor, ¿descansa cuando se va de vacaciones?

    23 noviembre 2011

    Creo que lo que más me está costando en este primer año (y pico) como autónoma es establecerme unos horarios. Es realmente útil tener las mañanas “libres” para hacer recados, ir al banco, pasearse por Hacienda… pero eso luego implica tener que trabajar por la noche para terminar el proyecto o hacer horas extras el fin de semana. (Aunque esas situaciones también se dan por la imposibilidad de decir que no a un proyecto, pero ese tema mejor dejarlo para otra entrada, ¿no?).
    Lo realmente difícil es conseguir desconectar al cien por cien. Entre portátiles, smartphones, güifis e internetes varios, nos llevamos la oficina allá donde vayamos. Aunque a veces puede ser de gran ayuda, otras es un verdadero incordio. El año pasado me pasé las vacaciones pegada al portátil. Me escapaba a la playa a ratos sueltos, pero en realidad no dejé de trabajar ni un solo día. (Al título de esta entrada le debería seguir la pregunta: “¿Un traductor se va alguna de vez de vacaciones?”.)
    Pero este año he conseguido escaparme sin ordenador. ¡Dos veces! (Así que respondiendo a la pregunta anterior: “Sí, es posible. ¡Las vacaciones existen!”)

    Y sí, descansé. Y desconecté. Pero no dejé de traducir ni un solo día. Será deformación profesional, pero cada vez que viajo a un país cuyo idioma oficial no es ni el inglés, ni el francés, ni el español, necesito descifrar qué dice cada cartel. Llamémoslo reto mejor que locura, ¿ok?

    Nunca olvidaré la primera vez que viajé a un país sin conocer el idioma. Fue a Turquía, con mis compañeros de la carrera. Todos traductores, así que os podéis imaginar lo que fue eso. Era extraño no entender nada, nuevas palabras, nuevos símbolos. Así que semanas antes ya no quedaban guías de viaje en la biblioteca: había que aprender cómo pedir una cerveza un kebab.

    La traductora en Turquía

    El cartel ya estaba en inglés, así que la traductora decidió ignorarlo…

    Será por ser traductora, o por ser como soy, pero no concibo la idea de viajar sin saber algo del idioma de ese país. Llamadme radical, si queréis, pero los turistas que no lo intentan me caen mal. Y más ahora, con vídeos, podcasts, aplicaciones para el móvil, vocabularios o guías online. ¡Es tan fácil!

    La traductora en Moscú

    ¿Qué oferta se habrá perdido la traductora por no haber hecho bien los deberes?

    Bueno, a lo que iba, que estoy divagando un poco. El traductor no deja de ser traductor nunca. Ni de vacaciones. La necesidad de saber qué dice un cartel que no entiende siempre será más fuerte que las ganas de desconectar. Y nunca, nunca, deja de aprender. Aunque sea una palabra rusa que jamás volverá a utilizar.

    Qué le vamos a hacer, sufrimos el Síndrome de Acumulación Compulsiva de Palabras.


  2. La cita de los lunes: La traducción y el carbón

    21 noviembre 2011

    Me encanta empezar a leer un libro sin saber muy bien cuál es el argumento, o los personajes, y descubrir que la traducción forma parte de la historia.
    Así me pasó con The book of Illusions, de Paul Auster, y de ese libro es la cita que quiero compartir con vosotros este lunes.

    Traducir es un poco como echar carbón. Se recoge con la pala y se lanza al horno. Cada trozo es una palabra, y cada palada es otra frase, y si se tiene una espalda recia y suficiente energía para seguir con la tarea ocho o diez horas seguidas, se podrá mantener un buen fuego.*

    ¿Qué os parece?

    ¡Espero que empecéis la semana con fuerza!

    * La cita está sacada de la edición de Editorial Anagrama, traducida por Benito Gómez Ibáñez.


  3. Volver

    16 noviembre 2011

    Al escribir el título de esta primera entrada me ha venido a la mente un bonito tango homónimo de Gardel. Y no sé por qué, si lo que voy a escribir no tiene nada que ver…

    Pero sí, vuelvo. Porque me fui. (Lógica aplastante…ejem.)
    Cuando los días dejan de diferenciarse y ya no sabes ni en qué año vives hay dos opciones: volverse completamente loco o alejarse de todo. Yo siempre elijo la segunda opción. Cuando pierdo el norte y ya ni sé por qué hago las cosas, necesito un poco de perspectiva.

    Así que aquí estoy, con nueva web profesional, nuevas ideas y nuevo blog. En un principio había pensado mantener las entradas antiguas, pero un desafortunado incidente con la base de datos de la vieja web (vale, lo admito, metí la pata y borré todo) me ha dado la excusa perfecta para realmente empezar desde cero.
    ¡Solo espero que os guste y que os animéis a participar!

    Carol

    *Ya que lo he mencionado, y por si acaso alguien solo conoce la versión de Estrella Morente, os dejo este vídeo: